¡¡SUÉLTATE, SUÉLTATE!!...
J. Bucay nos habla de que las personas van madurando
conforme van aprendiendo a manejar las pérdidas de los seres que aman. Haciendo
especial énfasis en que, aquél que está pasando por una separación -como hoy me
toca a mí- sufre más, cuanto más se resiste a soltar a ese ser, y a aceptar que
ya no está.
Al respecto nos cuenta, que había una vez un alpinista
que estaba escalando una montaña. Al llegar la noche llegó a una saliente donde
pudo descansar y dormir. A la mañana siguiente había caído una nevada tan fuerte
que no se veía nada, y aun así continuó escalando. El tiempo pasaba y no sabía
ni cuánto había avanzado cuando de pronto se resbala y se precipita al vacío, y
mientras va pensando que se matará al estrellarse contra la saliente donde
había dormido, de pronto la cuerda se tensa al quedar agarrada de una alcayata,
y queda ahí suspendido de la cuerda en medio de la nada.
Seguir subiendo no había forma, y bajar era imposible. En
eso oye una voz interna que le dice: ¡¡Suéltate, suéltate!!... pero él, lejos
de obedecer, se aferró aún más a la soga que lo sostenía. Al día siguiente unos
rescatistas encontraron al escalador muerto por el frío, colgado de una soga a
menos de un metro del piso.
Ello nos habla de que muchas veces debemos soltarnos de
las cosas que nos atan, soltarnos de ese sentimiento que nos lastima, y confiar
en que tal vez, y conste que sólo digo...tal vez, el mero hecho de soltarnos
nos ofrezca nuevas expectativas y nuevas oportunidades de éxito.
En los casos de la pérdida de un ser amado, hay que
aceptar como un hecho, que la vida nos ofrece la posibilidad de enriquecernos
siempre, y que no debemos tomar el vacío como algo doloroso, por el contrario,
debemos considerarlo como algo enriquecedor. Y al respecto cita:
Mi vida se enriquece cada vez que lleno mi copa, pero
también se enriquece cada vez que la vacío, pues al vaciarla, estoy abriendo la
posibilidad de poder volverla a llenar
Corolario para los miembros del club de los corazones
rotos:
No escondas tu dolor, compártelo con tus amigos y con tu
familia.
Llora, que ello es tan humano como reír. El llanto actúa
como válvula liberadora de la enorme presión interna que produce la pérdida.
Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no te fíes, que lo
que realmente ayuda es lo que cada uno hace con ese tiempo.
Prepárate para las recaídas, un suceso inesperado, una
visita, el aniversario, la Navidad, todo ello te hará volver al principio.
No puedes llorar hoy lo de mañana, ni seguir llorando lo
de ayer. Para hoy es tu llanto de hoy, para mañana será tu llanto de mañana.
Prepárate para que al cabo de varios meses alguien te
diga que ya deberías de haberlo superado, sé paciente y no te apresures, que
tus tiempos son sólo tuyos.
Deseo que puedas llegar con bien al final del camino.
Ojalá y nos encontremos tú y yo ahí.
Querrá decir que tú lo has logrado.
Querrá decir que yo también lo conseguí.